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Nos perdimos. Me perdí.

De alguna manera me faltas. Íbamos juntos de la mano, jugando bajo el sol de la ilusión, por la orografía de nuestros cuerpos exuberantes, con sus dorados matices, su frescor, su luz, su calor. Allí saboreamos la humedad salada de nuestros mares, nos sedujo la tierra mojada de nuestra piel fecunda; allí escuchamos atentos la danza del ramaje de nuestros cabellos al viento de los susurros; allí nos bañamos en océanos de cariño.
Nos abrazábamos cada noche con el convencimiento de vernos mañana.
Pero nos perdimos. Pisé terreno pedregoso, continué por un recodo alejado de ti y oí tus pasos atenuarse en la espesura. Nos perdimos.
Al principio corrí, seducida por una especie de liberación, sin embargo no tardó en llegar la decepción, el desencanto de una soledad idealizada antes por la belleza del entorno que exhalaba encantos pueriles.
A pesar de ir descubriendo un nuevo mundo repleto de seres que se cruzaban en mi camino, curiosos con mi persona, dispuestos a aligerar la carga de mi vida; a pesar de experimentar otros juegos y placeres, una sombra oscura y fría, una noche helada no amanecía nunca dentro de mí.
Si ahora encuentro unos brazos que saluden mis madrugadas, no serán tus brazos. No arroparán mi tristeza.
No te encuentro. Frío. Ojalá volvamos a vernos.
No es tan importante el viaje como la huida. esta huida es la muerte.

Los puños apretados con las venas inflamadas de sangre negra.
El corazón zumbando como un enjambre de abejas enfurecidas.
Los ojos con el brillo de todo el mal cristalizando en una lágrima de rabia.
Los labios hendidos por un diente pálido de ira,
asomada una gota roja que se derrama como mi amor.
El cielo se desploma,
las ramas de los árboles que amaba me desgarran,
me zarandean para que despierte a esta verdad tan cruenta.
La poca fe que me quedaba se evapora en una nube
que eclipsa mi razón, mi melancolía, mis recuerdos, mi pena, mis ilusiones, mis sueños,
como un montón de escombros aniquila un campo de flores
recién nacidas.
Como un torrente desbordado, como un ladrón aterrorizado corriendo sin parar, como un animal perseguido, como una mujer temblando refugiada en un cigarro que protege de la soledad. Huir, marcharse, darse esquinazo a uno mismo, tratar de salirse de esta vida tan apretada que asfixia como una sierpe.
Irse a toda costa de esta polvareda vetusta de tantos años que me pesa como una manta vieja y agujereada,
incapaz ya de darme algún calor.
Nos hemos dejado llevar sin moldear aquella promesa, sin haberla construido
como un puzzle con cada día, sin habernos esforzado por resistir malentendidos, sin haber celebrado las victorias, sin haber
agradecido cada mañana, cada rayo de sol que ha besado nuestros besos, cada luna que ha bañado nuestro
sudor, cada minuto que ha vibrado con nosotros...
Se fue, esa melodía que nos hacía bailar se fue.
Ahora todo desafina.
Ahora se erizan nuestros dedos al tocarse,
recelan las miradas,
se aprietan los labios para no dejar salir a nuestras almas
que hace ya siglos y siglos de fríos silencios y gélidas caricias que no cimbrean.
¿Recuerdas aquella noche en la montaña? Muertos de frío, tiritando de nervios y deseo, salimos de nuestros cuerpos para abrazarnos y fundirnos con las estrellas, aquel día sentimos el amor.
Hoy erramos más abajo, en el cieno, nos pesa la vida y no nos impulsan las alas...
¿Qué ha ocurrido?
Tiemblan mis manos al oprimir cada tecla que imprime estas ideas tan punzantes, se escriben en mi carne con mordiscos afilados que me hacen llorar.... ¿por qué nos soltamos las manos, di?
Mis pies no dejan de correr sin zapatos que amortigüen el dolor, siento cada piedra clavarse, cada azote del viento cortando mi boca ...pero es que ya no puedo parar, ni tampoco mirar atrás, se aleja la salida de este laberinto y no puedo volver atrás, porque lo que había ya no existe, se esfumó en la estela amarillenta de la historia y el recuerdo y sin embargo sé que donde huyo nunca encontraré el calor, ni la fantasía, ni la ilusión, ni la fuerza, ni la poesía que me avivaban y encendían cuando corría contigo.
Besos helados

Me mirabas atento, escuchabas las fantasías de molinos y gigantes sin desprecios ni muecas de desaprobación, porque tú también te has vestido de palabras y aventuras imposibles.
Leíamos como pitonisas lo que más nos interesaba en posos de cualquier vaso de café en los fríos de Noviembre. Paseamos alguna vez, cantamos alguna vez, pero sobre todo soñamos. Entre planes más o menos coherentes de futuro y propósitos de viajes al centro de la Tierra empleamos horas de fantasías. ¡Qué sorpresa el local de siempre! Entraba y todo sin cambios, previsible, pero era cuestión de tomar el primer sorbo de café caliente y dejar hacer a las palabras para provocar que las paredes se evanescieran, dando paso a escenarios orientales, desiertos de religiones antiguas con residuos de poderes mágicos para viajar al yo; se llenaba el entorno de olores nuevos, a especias, a otros seres; saltábamos de nuestras sillas de plástico para montar en algún camello que con calma nos llevara a las dualidades, para unir tu punto de vista y el mío, tus impresiones y las mías en aquel mundo onírico tan al alcance de la mano, pero tan difícil de hacer emerger de aquellas profundidades fáciles, donde ser protagonista sólo es cuestión de dibujar con la imaginación. Después comprobamos, cada uno por su lado cuan sencillo era, bastaba con decir sí.
Al final Maluba nos dio un regalo. Una brújula que nos conduce tras algún rastro fatuo que se adentra en espesuras. Cada uno aprieta la suya y la sigue. A ti te llevó a soledades de arena, a mí, de hielo. Deja que tú descubras por allí y yo por aquí, y a veces nos reúne para poner en común lo vivido. Ya tenemos un lugar de encuentro, la Ciudad. Y también París. Y también el Club, que ya sabes dónde está, en tu salón, en mis noches de cuaderno y luna, en cada letra que se escapa y vuela a imprimirse en los amarillos periódicos del Club.
¿Entonces Austria la próxima parada?
Hay tanto que escribir, lo malo es que cada trazo se tiñe con nuestro éter, y equivocarse sería morir. Aunque aquí tu frase: la estética es lo primero, y si la muerte es bella habrá merecido la pena.
Buenas noches de Besos helados, donde al agua la besa la luna y a ella no le da miedo ceñir en un abrazo de hielo un cuerpo estremecido, rabioso, necesitado de un bofetón de jazmines que apague delirios en una noche de desvaríos.
Del vuelo del escarabajo sagrado
No reparé, a pesar de ser observadora, en el detalle del escarabajo. En aquel lugar ajeno a mí, rodeada de mil entresijos que vibraban bajo risas, juegos, miradas de unos y otros no percibí la metáfora. Había otras cosas. Hilos de oro de pasado, de la ciudad, también la ciudad de los otros presentes, porque aquello era un caldo de ensoñaciones en un ágape superficial de convenciones. Sólo la luna, testigo de todo y de todos se asomó para iluminar esas hebras. Porque en aquella reunión había de fondo una alfombra de suspiros, anhelos, reproches... ¿Escribir a pesar de las confusiones? ¿qué si no?
"A tu pesar" me parece bien, no sabía que lancé un señuelo (Cosa que sirve para atraer, persuadir o inducir, con alguna falacia) y que había funcionado.He acudido a la definición porque me parece curioso lo de "con alguna falacia", ello es bastante para reparar en las malas artes que me doy. En catequesis a las que fui hace años, todo el mundo decía que su cruz era la necesidad de ser amado, porque tal hacía que no se presentaran con la cara descubierta a los demás, sino que fingían para obtener ese reconocimiento. Yo creía que mi cruz era la contraria, que no me importaba nadie, ya te lo dije alguna vez. Y lo mantengo, auque hay personas a las que de verdad aprecio. Pero también comprendo que tengo madera de esa otra cruz. y por ello peco de falsedades.
También yo silbo, una melodía de sirena que busca salir de redes de inmovilismo, de tristezas y melancolías. Y como acompasa con tu orquesta se acerca para vocalizar a dúo tales comparsas...el problema sea tal vez que hablan de lo mismo o distintas cosas sin saberlo...y al final acaban entonando imposibles flameados de licores embriagadores.
Mi mar es un imposible, porque está enfangado y pretendo un cristalino. Mientras sueño mi pecera se enturbia de algas. Hay que trabajar, no es momento de cantos de cigarra al sol, porque el carro en el que hoy voy necesita de cuidados. He subido en él y quiero que sea de oro, así que trataré de lavar, como Magdalena, con los cabellos si es necesario las ruedas embarradas de mi berlina, para que avance al menos adonde Apolo lo guíe, así sea a derretirse como las ingenuas alas de Ícaro.
Aunque sería bello seguir afinando de tanto en tanto, pues en el camino cotidiano de la vida perseguimos una misma canción
A Julio Cortázar, por Rayuela

Julio, Oliveira: camino tras de ti, con la misma incertidumbre, con el mismo desasosiego, con el mismo temor a la locura, con las mismas ganas de transgredir tanta barrera absurda, con el mismo miedo a no vivir en paz, la paz que da seguir los pasos del rebaño que pace seguro.
Pero hay que vivir, Oliveira, hay que intentarlo, porque al margen del mundo no se descubre más que dentro y ahí fuera también hay lobos, otros distintos, pero también peligrosos. No alcanzamos a ver más, eso es todo. Tan sólo, como tú, intuimos que existe el lado de más allá, que está aquí y nos espera porque es nuestra mitad.
Ayer, encontré paseando una varita mágica. Como tú quiero ser hechicera, aunque yo quiero agitarla y pronunciar los conjuros absurdos en voz alta, para que lo oigan todos, porque necesitamos ver la magia y creer en lo otro. Como tú quiero repartir esta inquietud, esta necesidad de búsqueda, por si al buscar más personas a la vez hallamos una verdad.
No vuelvas a saltar por la ventana, te necesitamos junto a nosotros. Gente como tú posee una llave que es para todos. Abre la puerta, muéstrame cómo se hace, quiero entrar, quiero vivir.
Cementerio Montparnasse 1/1/07

