Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2009.

Soledades

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Arrellanada en el sillón bajo las enaguas que guardan el calor del brasero, cómoda y tranquila llevo unos días degustando la estación en que reposa mi vida. El trayecto me da un respiro, como en un largo viaje cuando el tren para y todos bajamos ansiosos por estirar las piernas, comprar alguna chuchería o detenernos a mirar y explorar al resto de pasajeros que comparten el recorrido. Mis pasos anduvieron mucho y arduo en poco tiempo y ahora echo la vista atrás.

Siento expansión, alegría por mirar al lado y encontrar un rostro adormecido también, con una sonrisa dibujada, relajado, tranquilo. No logro explicarme a qué obedecen los encontronazos, las casualidades, las fuerzas que nos acercan a personas que trascenderán en nuestras vidas o nos alejan de otras. El caso es que sólo puedo sentir que me mira de frente la fortuna, que se me brinda un camino precioso, que han dejado al paso de mi andar errante un trotamundos con las botas bien aferradas al suelo, lleno de energía, de claridad, de amor. Y no sé qué habrá hecho que ya no puedo sino seguirle, porque sus palabras me convencen, porque su ideal de vida me atrae, porque yo también quiero ser feliz, alegre, relacionarme, reírme, viajar y visitar mil ciudades y paisajes del mundo. Yo también quiero ir construyendo una casa, pero no sola, con él. Quisiera un hogar lleno de algarabía, de olor a potajes y ropas limpias, con invitados, huéspedes, con tertulias y copas, con muchas caricias. Quisiera no sentir las paredes vacías, la noche húmeda de lágrimas, las mantas frías con su peso de ausencias. Quisiera no sentir más que estoy sola en el mundo, que no encajo entre la gente. Quisiera como él ser capaz de sonreír y alegrarme con los otros, no pensar más en lo lejano y lo que quedó atrás.

Mi trayecto hasta aquí ha sido tortuoso, solitario. Fui una viajera huidiza y traicionera, desconfiada. Con la mirada ensimismada entre la realidad y la fantasía merodeaba por el mundo a dos palmos del suelo. Quiero centrar los ojos en lo que de verdad existe, en quien de verdad me acompaña, y trabajar sólo para ser feliz, con todas mis fuerzas, para despojarme de esa costra de pena que me ahogaba y me separaba de la gente alegre, viéndola siempre tan distinta, tan inalcanzable, tan opuesta. Y yo quiero ese don, el de la alegría, el de la amistad.

 

13/01/2009 13:40 Autor: aquoevo. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

sólo el que se esfuerza crece

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¿Aún merece la pena dejarse languidecer por el esfuerzo de perseguir ideales? ¿ Dejarse morder por el tiempo y el desgaste al servir al incapaz? Tal empeño finalmente no destroza, por el contrario resucita fuerzas. Un bienestar alivia los huesos tras a paliza de un trabajo diario, el ahínco con se afronta la tarea de sonreír y provocar otro esbozo igual, de amortiguar mínimamente el padecimiento ajeno consuela los propios.

Yo ahora, bajo tu mirada soy capaz de tantas cosas que el miedo me paraliza al saberme tan maga, y el pánico, al pensar que el amuleto que me hace poderosa se puede esfumar o desaparecer para siempre, dejándome tan miserable, tan vieja, tan enferma que ya nada vencería mi desgracia. Se vaciarían mis venas del poder con que hoy gano guerras cada día.

No me dejes.

22/01/2009 08:35 Autor: aquoevo. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Soledad de amores, triste y pura, soledad de amores y locura

Una tempestad de amor me embiste,

me empapa tu lluvia limpia,

me atraviesa tu rayo de luz intensa,

me estalla el alma, la razón, el sentido

desmembrando mi conciencia,

dejándome inerme ante ti

tu ocurrencia, tu deseo, tu maldad si la tuvieras.

Un torrente de sensaciones me arrastra hacia tus manos,

hacia tus labios,

a la lucha que cada noche libramos en mi cama,

en el campo, en los espejos, en la luna

una lucha de caricias, besos, pasiones, miedos y terrores.

Siento una estampida de flores, un rugido de ilusión,

unas ganas de gritar que por fin me mira la fortuna,

por fin cabalga mi corazón en esta cruzada sobrado de valor,

acorzado con la malla de tus promesas y el yelmo de tus manos forjando mi corona.

La bestia que me sostiene y galopa enérgica en pos del sentido es

la pasión que nace en mis entrañas cuando tus ojos de estanque me miran,

extienden redes que escalan a mi cabeza invadiéndola de ilusiones de princesa.

¡No te vayas!

No te vayas que tu pureza aviva la pavesa de mi esperanza, la certeza de que arrojarse a darlo todo,diluirse en el amor  valdrá la pena pues un interior acongojado, escondido, encogido, agoísta se pudre, pero si lograra como tú desplegarme por completo limpiaría mi codicia y quedaría cristalina para siempre.

22/01/2009 08:47 Autor: aquoevo. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


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