El final, donde todo empieza

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Aturdido por la hipnosis del tumulto de imágenes y estruendos me dirigí al cuarto de baño. Desde el espejo me miraban unos ojos cargados de mensajes, implorantes: ábreme la puerta - parecen decir- no quiero simulaciones, no quiero las aventuras de los personajes de ficción, ¡quiero una vida propia! ¡quiero sentir, vivir lo que me corresponde!

Inspiré hondo. Los últimos meses  habían caído por el sumidero hechos lágrimas inertes y pasivas.

Entré en la ducha; apoyados los brazos contra la fría pared y la cabeza apoyada en ellos, notaba la calidez de gotas resbalando por cada tramo de mi cuerpo, tomando conciencia de mis formas, de mi figura, de mi exterior. El pelo empapado sobre la cara, respiraba a toda velocidad. De pronto el estómago de plomo se deshizo en agua, fundiéndose con ella, depurando todo mi ser.

De allí salió un nuevo yo, capaz, ansioso por romper las membranas que cerraban mis pulmones para inundarlo todo de novedades, experiencias.

Llamé a un par de amigos,salí a su encuentro en el coche con mi música selecta refrescaba las sienes. Cuatro besos y un par de abrazos, mucho mejor. Todo me sonríe de nuevo. La charla es catarsis, cada palabra acaricia mi soledad desplazándola, desnudándome de ella para vestirme de ganas de conectar de nuevo con los demás, de empaparme de otras vidas que aporten ideas que organicen la mía, nuevas oportunidades para persuadir a mi desgana de ponerse en marcha. Hay mucho que vivir. Unas cervezas, unas tapas, unas risas. Venga que se nos hace tarde, en marcha, nos esperan unos paisajes de cuento. Paseamos durante horas por caminos verdes, arboleda, entre rocas y lagunas, saltos de agua y grutas. El cielo encapotado, húmedo, fresco, con olor a tierra mojada y pino. La sierra y la dehesa exhuberantes, frondosas, verdes. Al final cansancio en las piernas, pero un cansancio capaz de andar toda una vida sin pausa.

Al caer la noche unas copas, más charlas, más tranquilo. Y esta mañana ya soy más fuerte, ya tengo ilusiones. Iremos a cazorla a escalar los montes que nos llevarán al nacimiento del río Mundo, donde espero nazcan otro mundo para mí, donde espero renacer yo mismo.

Volvimos cantando a voz en grito. Qué paisajes, cuánta agua, cuánta vida. Qué hermosura. Y hoy, soy un hombre nuevo, dispuesto a todo, pero siempre despierto y con ganas de disfutar lo que venga.

21/04/2009 13:43 Autor: aquoevo. Enlace permanente.

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