destinos

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Tardes vacías, arrastrando la culpa de querer a alguien, porque querer es atar, de pies y manos. Es es atar las miradas, las voluntades. Es apoderarte del cuerpo y alma del otro. Es tratar de guardarlo y disfrutarlo tú solo, con pánico de que otros descubran tu polvorín y quieran prender su mecha para consumirse en su fuego así como yo ahora me consumo...qué falta de libertad, qué apego, qué necesidad de ti, de tu respiración, de tu abrazo, de tu cuerpo, tu voz...todo tiempo transcurrido sin ti aparece carente de motivación y sentido.

El amor lo impregna todo, llega a todos, atormenta a todos, hace  que nos engañemos creyéndonos poseedores de la felicidad cuando masticamos su esplendor, su culmen, su polen...pero segundos después llega el vértigo, el dolor de huesos, vísceras y el tormento...las inseguridades, los miedos, los complejos de no ser lo suficiente, las carencias por las que se me escapan tus tristezas sin saber cómo paliarlas, el quedarme sin palabras cuando necesitas algunas, el no saber llenar tus ojos tristes...el no tener los brazos suficientemente fuertes para arroparte de tus temores por las noches, la incertidumbre de si esto será para siempre porque la vida es cruel y  zarandea como una tempestad a un fresno, cortándole las ramas a pedazos para dejarlo raquítico y amputado, sin frondosidad, muerto de frío y tiritando.

Sin embargo prefiero seguir con los ojos cerrados, ciegos por el espejismo de una vida contigo.

06/04/2009 12:54 Autor: aquoevo. Enlace permanente.

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