sólo el que se esfuerza crece

¿Aún merece la pena dejarse languidecer por el esfuerzo de perseguir ideales? ¿ Dejarse morder por el tiempo y el desgaste al servir al incapaz? Tal empeño finalmente no destroza, por el contrario resucita fuerzas. Un bienestar alivia los huesos tras a paliza de un trabajo diario, el ahínco con se afronta la tarea de sonreír y provocar otro esbozo igual, de amortiguar mínimamente el padecimiento ajeno consuela los propios.
Yo ahora, bajo tu mirada soy capaz de tantas cosas que el miedo me paraliza al saberme tan maga, y el pánico, al pensar que el amuleto que me hace poderosa se puede esfumar o desaparecer para siempre, dejándome tan miserable, tan vieja, tan enferma que ya nada vencería mi desgracia. Se vaciarían mis venas del poder con que hoy gano guerras cada día.
No me dejes.

