Soledades

Arrellanada en el sillón bajo las enaguas que guardan el calor del brasero, cómoda y tranquila llevo unos días degustando la estación en que reposa mi vida. El trayecto me da un respiro, como en un largo viaje cuando el tren para y todos bajamos ansiosos por estirar las piernas, comprar alguna chuchería o detenernos a mirar y explorar al resto de pasajeros que comparten el recorrido. Mis pasos anduvieron mucho y arduo en poco tiempo y ahora echo la vista atrás.
Siento expansión, alegría por mirar al lado y encontrar un rostro adormecido también, con una sonrisa dibujada, relajado, tranquilo. No logro explicarme a qué obedecen los encontronazos, las casualidades, las fuerzas que nos acercan a personas que trascenderán en nuestras vidas o nos alejan de otras. El caso es que sólo puedo sentir que me mira de frente la fortuna, que se me brinda un camino precioso, que han dejado al paso de mi andar errante un trotamundos con las botas bien aferradas al suelo, lleno de energía, de claridad, de amor. Y no sé qué habrá hecho que ya no puedo sino seguirle, porque sus palabras me convencen, porque su ideal de vida me atrae, porque yo también quiero ser feliz, alegre, relacionarme, reírme, viajar y visitar mil ciudades y paisajes del mundo. Yo también quiero ir construyendo una casa, pero no sola, con él. Quisiera un hogar lleno de algarabía, de olor a potajes y ropas limpias, con invitados, huéspedes, con tertulias y copas, con muchas caricias. Quisiera no sentir las paredes vacías, la noche húmeda de lágrimas, las mantas frías con su peso de ausencias. Quisiera no sentir más que estoy sola en el mundo, que no encajo entre la gente. Quisiera como él ser capaz de sonreír y alegrarme con los otros, no pensar más en lo lejano y lo que quedó atrás.
Mi trayecto hasta aquí ha sido tortuoso, solitario. Fui una viajera huidiza y traicionera, desconfiada. Con la mirada ensimismada entre la realidad y la fantasía merodeaba por el mundo a dos palmos del suelo. Quiero centrar los ojos en lo que de verdad existe, en quien de verdad me acompaña, y trabajar sólo para ser feliz, con todas mis fuerzas, para despojarme de esa costra de pena que me ahogaba y me separaba de la gente alegre, viéndola siempre tan distinta, tan inalcanzable, tan opuesta. Y yo quiero ese don, el de la alegría, el de la amistad.

