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Mensajes
Querido lobo estepario, hoy he soñado el pergamino de tu botella;
¡Qué deleite, qué abrigo de palabras, qué manta de calidez, que atenúa el frío que arrecia en torno a mí!
Voy de aventuras sin salir de la cabeza, del maldito corazón que aprieta las cadenas con culpas y maldiciones.
Soy Eva desnuda, arrojada del paraíso. Maldita, ¡adelante!
quien siembra vientos recoge tempestades
NUBES
Ahora sólo hay nubes; una vida parecida a la de Dorian Grey. Una apariencia feliz e inocente y una realidad más profunda y atormentada. Fundir esos mundos, hacerlos chocar, ¡SI la realidad mostrara sus estragos en el alma sería mejor! Si se evidenciaran las consecuencias se levantaría un límite ante la conciencia. Ojalá la supersticiosa bruja, anárquica serpiente, se reconcilie en una sola vida con la maternal mujer, bondad y mesura. Ojalá se enfrentaran de una vez, tesis, antítesis, y naciera una nueva Eva, una síntesis completa y perfecta, astuta, amante, madre, dulzura y arrojo. ¿Sueños? Ahora no los hay, sólo parálisis, late la lucha.Alas negras

Lamo humedad de párpados,
muerdo el rosado de mejillas candentes.
beso el hoyuelo de barbillas atractivas,
huelo en el hueco de cuellos expectantes,
abrazo corazones encogidos,
juego con pechos protectores,
husmeo en pieles erizadas,
acaricio espaldas cargadas de soledad, fardo terrible que quebranta nuestros huesos malheridos,
humedad que desconcha nuestras almas, carcoma que destroza la alegría seca que quema nuestras gargantas;
acidez, qué regusto amargo en la boca.
Lo siento, de veras me pesa. Abro tu carne dulcemente y me permites, confiado, y yo mastico tus entrañas. Ya lo avisé, me alimento de vuestra perdición. Un reguero de carroña dejo tras de mí, jirones, despojos, de falsas ilusiones que ni yo misma creo; ojos desilusionados que pronto volverán a retoñar en su empecinada esperanza. Y voy transmutándome en vampiro, en un espectro demoníaco, escondido, acechante, disfrazado. Quiero emociones, sangre, vidas; mendigo calor, besos, caricias que callen este tiritar histérico que agita los cimientos de mi razón.
Nacen alas a mi espalda, pero unas alas terribles, capaces de llevarme a cualquier inframundo que emborrache mis ojos y sacie insatisfacciones.
En paz

¿Qué haces en tu castillo? ¿ Por qué te empeñas en encerrarte, en decir que la soledad es buena compañía, que el silencio, los libros y el errar bajo las luces, reflejos y murmullo de las calles son ecos que acompañan? Olores de soledad impregnan tus ropas, café solo, letras fantasmales, sueños difusos, aletargados, mañanas imposibles que no llegarán porque no caminamos hacia ellos. Sólo nuestros anhelos respiran; nuestros cuerpos hibernan. ¿Qué nos pasa? Esta ciudad me angustia, me contamina con mil sensaciones desagradables; araña mis retinas con imágenes preñadas de fealdad, aturde mis oídos con ensordecedores desafinos y ruidos e importuna a mi alma con una terrible pena que aploma el ambiente como una ola de calor que nos ahoga en un sofocante verano.
Sólo han pasado unos años desde que éramos universitarios. Detentábamos el privilegio de holgazanear, de ambicionar el éxito, la felicidad, el amor...el mundo se abría, todo era posible, exhalábamos vitalidad, fuerza, ilusión...
pero el tiempo
pero el tiempo no se detiene y aletargados en nuestro gozo nos hemos encarcelado en nuestros castillos feudales, y ahora nos sorprende ver que todo ha sido un espejismo, que pasó el expreso y seguimos tan apaciblemente en el café charlando.
Todo es distinto. Nos volvemos a desperezar, feas crisálidas arrancadas de sus fantasías, arrastradas a la cenicienta realidad. Desplegamos unas tímidas alas, con ganas de emprender el vuelo, pero ya no hacia viajes irreverentemente falaces. Desengañados cargamos un equipaje bastante escuálido. Ahora a tirar de esa ridícula maleta de tiempo perdido, coger el primer recodo donde se atisbe cierta alegría, más moderada, un camino más cercano, un destino más cotidiano.
Descubro que después de algunas vueltas mis pies me conducen a la tierra donde laten mis abuelos, la tierra donde quiero sembrar orquídeas y huertas de las que alimentar mi mesa, donde quiero pasear con un amor por llegar, donde quiero extasiarme con puestas de sol y respirar fríos de invierno.
Sueño paz y mansedumbre, ya no más fraguas ni volcanes imposibles.
Lo puesto me basta, danzo cada día entre vidas, historias de agricultores, obreros y amas de casa. Me quedo.
De cuando en cuando un asomo a la ciudad, fisgar en el extranjero, en los libros, en la historia, para enriquecer este pan de cada día que contiene los elementos que me hacen vibrar, palpitar, trabajar, vivir.

