Ecos

A trompicones y golpes de horarios y obligaciones gastamos los minutos de nuestro salario en pagar momentos dedicados a ganar el dinero que se bebe la arena de nuestro reloj y la lucidez del corazón.

Unas bolsas oscuras ensombrecen el entorno de mis ojos, los labios asoman secos y sin brillo la mirada. Las manos con la piel blanquecina enseñan una uñas mordidas y arrugas de horas de trabajo. Trabajar en lo gusta para después comprar con el dinero que devoró nuestra vida objetos inservibles que se amontonan en nuestras casas y cabezas obsesionándonos ....qué absurdo

Estoy cansada, bloqueada, saturada de las voces de la gente que reclama mi atención  para relatarme con detalle sus dolencias, problemas, soledades, tristezas, el abandono a que los someten sus familiares al dejarlos desamparados en aquella casa gigante donde no existe  intimidad, donde sus ecos se apagan en los pasillos, se amortiguan en la oscuridad sin llegar a los sordos oídos de sus viejos compañeros de habitación ni a los de los trabajadores de guardia... palabras que se extinguen...que flotan y se esfuman...tristes...solas...sin respuesta.

Mis oídos no soportan más, demasiada carga. También han de discernir las palabras de mi mente y mi corazón, ansiosos de ser tenidos en cuenta. Reclaman lo suyo, un poco de caso, un poco de tiempo, un poco de orden y un poco de descanso.

Tiempo, eso que tanto nos empeñamos en medir y escapa a toda regla y medida, a toda barrera que intente atraparlo. Ya que debe transcurrir inexorablemente, necesito verlo pasar con más sosiego, abriendo de nuevo los brazos a lo que vaya trayendo, susurrarle al paso lo que me va sucediendo al tiempo que lo medito para mis adentros...

Tiempo que me llevas a capricho, has de saber que atravieso uno de los momentos más felices. Mi corazón reposa tranquilo y feliz, primero y ante todo porque he encontrado el amor, la felicidad de amar y sentirme amada, de dar todo lo que soy y todo lo que tengo a quien es dueño de mi pensamiento y mi deseo. Asímismo respiro tranquila porque hasta ahora mis manos se han afanado en aliviar  dolores, hasta que las manos me han dolido y no he podido resistir el replegarlas y dejarlas descansar en el regazo y en esos ojos verdes que me cuidan tanto. Descansarán mis manos trabajando ahora con todo cariño en tejer un manto de agradecimiento sobre los hombros de ese hombre que me abraza cada noche y aligera mis cargas, el que da encanto a mis días, el que perfuma con su sonrisa cualquier quehacer cotidiano, el que llena con su voz los huecos de mi casa y de mi vida.

Y así, cuando recupere las fuerzas aprenderé de nuevo, trabajaré  por reír y merodear por esta vida que tan poderosamente llama mi atención.

Se cierran mis oídos porque los ecos que resuenan necesitan algo de intimidad y dedicación.

16/12/2008 19:34 Autor: aquoevo. Enlace permanente.

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