Navíos
Mi barco corre corriente abajo, meciéndose con violencia. Una explosión de ideas, sentimientos, vivencias, experiencias, se apretuja en mi mochila. Cuando llegue a casa lo sacaré todo para examinarlo con detenimiento porque todo esto ya se ha pegado a mi vida, ya forma parte de mí.
Separaré el más grato recuerdo, la sensación de calidez y la libertad de desplegar en esa alfombra de amistad mi ser, sin miedos, sin necesidad de disfraces. No hay espinas, sólo una cadena de manos, unas que juegan, otras que palmean canciones, unas que tiran de otras, otras que escriben, otras que ríen...hay armonía, libertad, ilusión, ganas de vivir y acariciar este mundo que cambia cada día, que cambiamos cada día, que tanto reclama manos como estas que abrazan, que respetan.
Miramos atrás, a casa y sonreímos tranquilos, a sabiendas de que nuestro valle nos espera con toda su luz, su chispa especial, con sus encantos poderosos, con sus gentes que sabemos abiertas y alegres.
En estas tierras lejanas dejamos un puñadito de ese salero. Ojalá siempre dejemos una estela de risas a nuestro paso, optimismo, la idea de que lo más pequeño es inmenso.
Millas y millas de aventuras, canciones, sueños e impresiones. Vivir.

