escoceses
kilómetros y kilometros vagando por lagos, colinas, pastos, pueblos. Ambientes donde se desarrollan habitantes tan distintos. Al carecer de su esquema cultural, observarlos extraña. Gente cuyo comportamiento choca, impacta como sus historias de guerras y luchas.
Siento desconcierto, tristeza, desesperanza al ver adolescentes incapaces de volver a casa, enajenados por el juego que mantienen con el alcohol y el desenfreno. Me afecta verlos maltratando sus cuerpos, que entregan a ruidos, dudas, drogas, relaciones destructivas que marchitan sus posibilidades, anulan la conciencia de ser hombre, de la grandeza de vivir, del reto de crecer, de mejorar, de ser feliz, de darse, de embriagarse con los dones de la naturaleza, de viajar respirando mundos, de ajarse en el espejo del tiempo. Pierden la oportunidad de impregnarse de ideas que incorporar a la vida para reparar los desperfectos, las goteras que a veces anegan y ensucian nuestras mentes.
Necesito abrir las puertas al pensamiento, desatar los sentimientos, derramar todo lo bueno que nace dentro a este mundo tan abigarrado y necesitado de flores.

