VOLANDO
Como una mariposa aleteo inhalando el sol de la mañana, las corrientes de aire me empujan hacia arriba, por encima de los tejados. Puedo ver con perspectiva cómo va cambiando el pueblo, porque a pesar de ser casi estático, también evoluciona. Todo cambia, dicen, y el cambio es el que sólo permanece. Veo a anchotas mujeres en batas multicolor barrer las puertas, con el cepillo en la mano, paradas tranquilas en una charla con Fulanita que va a comprar el pan. El ambulatorio del médico siempre es un hervidero, mayores que entran y salen con mil recetas que pasan ahora a hacer cola en la farmacia. Se oye el revuelo de los pájaros en los altos álamos del paseo que crece despacio en la quietud del pueblo. Huele a mil potajes y guisos suculentos por todas partes. Se oyen voces, cacerolas, lavadoras, tractores, y ordeñadoras.
Junto a tejados con verdina y barro erosionado emergen otros con lanchas negras, que absorben el calor, como yo ahora, que paseo por las vidas desde mi volar privilegiado. Entro por la ventana del colegio y veo a los alumnos pintando en el pupitre, o pasándose mensajitos de papel, o aplicarse algunos en anotar lo que explica el maestro...
En las tardes los sonidos callan, las mujeres se sientan a la mesa camilla mirando la tele, o cosiendo alguna cosa, o avían para mañana. Los maridos van un rato a la huerta y cuando se levanta el fresco acuden a la partida y la copa de vino.
Qué a gusto pasear por esta primavera que adereza de flores y bienestar el lento desarrollo de la vida que rápida ocurre en cada historia personal, pero que despacio trasncurre en su hilvanar de vidas y repetir de ciclos.

