Historia de dos amigos
Triste verbena de finales de agosto. Aurelio y Facundo acodados en una mesita
herrumbrosa por la intemperie de tantas noches de música, bailes y diles y diretes que
recorren como un escalofrío el amasijo de gentes que se miran de reojo.
Mujeres que bailan en parejas pasodobles que se intuyen entre los alaridos de los cantantes y las
interferencias de los micrófonos por lo inherente que se lleva el soniquete de las
manidas coplas.
Jóvenes que se se apartan en los rincones para dar rienda suelta a sus secretos y anhelos
en pequeños comités que se buscan y se encuetran entre cuchicheos y celestinos.
Mayores sentados comiendo altramuces y garbanzos tostados; los primeros en
levantarse a duras penas y marcharse a casa del brazo.
Aurelio, aún joven pero vencido. Una vida de trabajo desde los nueve años en el campo. Las
profundas arrugas y unas manos endurecidas, rígidas como sarmientos y del color la
tierra delatan las horas de afanoso trabajo. Que a su mujer no le falte un vestido de
fiesta, que realce su tez también curtida, pero sobre todo que a sus hijos no les falte la
gloria. María ha heredado el coraje y hoy es enfermera. Ahora vive
en Sevilla. Pero el hijo, el hijo al que han brindado hogar, valores y calor, a sus 20 años, aún no ha
aprendido nada. Pide y reclama
y nada es suficiente. Se adueña de lo ajeno que tanto esfuerzo ha costado, nada
agradece,nada valora....y lo que más duele no es que parasite el vástago la sangre, sino ver
cómo se pierde por las trampas de la vida y los sumideros, y saber que se carece de las herramientas, por las que todo se cambiaría, que saben
ablandar y guiar, como un esqueje recién plantado, el corazón de un joven.
Facundo escucha. Aurelio y Facundo se miran, sacuden lentamente la cabeza hacia uno y
otro lado. Ay, se dicen, mientras mastican garbanzos duros y tragan un buche de cerveza
amarga, que a la sombra del amigo se traga mejor.
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Autor: jc
Fecha: 07/06/2008 15:56.

