En paz

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¿Qué haces en tu castillo? ¿ Por qué te empeñas en encerrarte, en decir que la soledad es buena compañía, que el silencio, los libros y el errar bajo las luces, reflejos y murmullo de las calles son ecos que acompañan? Olores de soledad impregnan tus ropas, café solo, letras fantasmales, sueños difusos, aletargados, mañanas imposibles que no llegarán porque no caminamos hacia ellos. Sólo nuestros anhelos respiran; nuestros cuerpos hibernan. ¿Qué nos pasa? Esta ciudad me angustia, me contamina con mil sensaciones desagradables; araña mis retinas con imágenes preñadas de fealdad, aturde mis oídos con ensordecedores  desafinos y ruidos e importuna a mi alma con una terrible pena que aploma el ambiente como una ola de calor  que nos ahoga en un sofocante verano.

Sólo han pasado unos años  desde que éramos universitarios. Detentábamos el privilegio de holgazanear, de ambicionar el éxito, la felicidad, el amor...el mundo se abría, todo era posible, exhalábamos  vitalidad, fuerza, ilusión...

pero el tiempo

pero el tiempo no se detiene y aletargados en nuestro gozo nos hemos encarcelado en nuestros castillos feudales, y ahora nos sorprende ver que todo ha sido un espejismo, que pasó el expreso y seguimos tan apaciblemente en el café charlando.

 Todo es distinto. Nos volvemos a desperezar, feas crisálidas arrancadas de sus fantasías, arrastradas a la cenicienta realidad. Desplegamos unas tímidas alas, con ganas de emprender el vuelo, pero ya no hacia viajes irreverentemente falaces. Desengañados cargamos un equipaje bastante escuálido. Ahora a tirar de esa ridícula maleta de tiempo perdido, coger el primer recodo donde se atisbe cierta alegría, más moderada, un camino más cercano, un destino más cotidiano.

Descubro que después de algunas vueltas mis pies me conducen a la tierra donde laten mis abuelos, la tierra donde quiero sembrar orquídeas y huertas de las que alimentar mi mesa, donde quiero pasear con un amor por llegar, donde quiero extasiarme con puestas de sol y respirar fríos de invierno.

Sueño paz y mansedumbre, ya no más fraguas ni volcanes imposibles.

Lo puesto me basta, danzo cada día entre vidas, historias de agricultores, obreros y amas de casa. Me quedo.

De cuando en cuando un asomo a la ciudad, fisgar en el extranjero, en los libros, en la historia,  para enriquecer este pan de cada día que contiene los elementos que me hacen vibrar, palpitar, trabajar, vivir.

22/02/2008 13:38 Autor: aquoevo. Enlace permanente.

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Autor: S05011354750453#267

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Fecha: 29/02/2008 20:09.


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