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Del vuelo del escarabajo sagrado
No reparé, a pesar de ser observadora, en el detalle del escarabajo. En aquel lugar ajeno a mí, rodeada de mil entresijos que vibraban bajo risas, juegos, miradas de unos y otros no percibí la metáfora. Había otras cosas. Hilos de oro de pasado, de la ciudad, también la ciudad de los otros presentes, porque aquello era un caldo de ensoñaciones en un ágape superficial de convenciones. Sólo la luna, testigo de todo y de todos se asomó para iluminar esas hebras. Porque en aquella reunión había de fondo una alfombra de suspiros, anhelos, reproches... ¿Escribir a pesar de las confusiones? ¿qué si no?
"A tu pesar" me parece bien, no sabía que lancé un señuelo (Cosa que sirve para atraer, persuadir o inducir, con alguna falacia) y que había funcionado.He acudido a la definición porque me parece curioso lo de "con alguna falacia", ello es bastante para reparar en las malas artes que me doy. En catequesis a las que fui hace años, todo el mundo decía que su cruz era la necesidad de ser amado, porque tal hacía que no se presentaran con la cara descubierta a los demás, sino que fingían para obtener ese reconocimiento. Yo creía que mi cruz era la contraria, que no me importaba nadie, ya te lo dije alguna vez. Y lo mantengo, auque hay personas a las que de verdad aprecio. Pero también comprendo que tengo madera de esa otra cruz. y por ello peco de falsedades.
También yo silbo, una melodía de sirena que busca salir de redes de inmovilismo, de tristezas y melancolías. Y como acompasa con tu orquesta se acerca para vocalizar a dúo tales comparsas...el problema sea tal vez que hablan de lo mismo o distintas cosas sin saberlo...y al final acaban entonando imposibles flameados de licores embriagadores.
Mi mar es un imposible, porque está enfangado y pretendo un cristalino. Mientras sueño mi pecera se enturbia de algas. Hay que trabajar, no es momento de cantos de cigarra al sol, porque el carro en el que hoy voy necesita de cuidados. He subido en él y quiero que sea de oro, así que trataré de lavar, como Magdalena, con los cabellos si es necesario las ruedas embarradas de mi berlina, para que avance al menos adonde Apolo lo guíe, así sea a derretirse como las ingenuas alas de Ícaro.
Aunque sería bello seguir afinando de tanto en tanto, pues en el camino cotidiano de la vida perseguimos una misma canción
Besos helados

Me mirabas atento, escuchabas las fantasías de molinos y gigantes sin desprecios ni muecas de desaprobación, porque tú también te has vestido de palabras y aventuras imposibles.
Leíamos como pitonisas lo que más nos interesaba en posos de cualquier vaso de café en los fríos de Noviembre. Paseamos alguna vez, cantamos alguna vez, pero sobre todo soñamos. Entre planes más o menos coherentes de futuro y propósitos de viajes al centro de la Tierra empleamos horas de fantasías. ¡Qué sorpresa el local de siempre! Entraba y todo sin cambios, previsible, pero era cuestión de tomar el primer sorbo de café caliente y dejar hacer a las palabras para provocar que las paredes se evanescieran, dando paso a escenarios orientales, desiertos de religiones antiguas con residuos de poderes mágicos para viajar al yo; se llenaba el entorno de olores nuevos, a especias, a otros seres; saltábamos de nuestras sillas de plástico para montar en algún camello que con calma nos llevara a las dualidades, para unir tu punto de vista y el mío, tus impresiones y las mías en aquel mundo onírico tan al alcance de la mano, pero tan difícil de hacer emerger de aquellas profundidades fáciles, donde ser protagonista sólo es cuestión de dibujar con la imaginación. Después comprobamos, cada uno por su lado cuan sencillo era, bastaba con decir sí.
Al final Maluba nos dio un regalo. Una brújula que nos conduce tras algún rastro fatuo que se adentra en espesuras. Cada uno aprieta la suya y la sigue. A ti te llevó a soledades de arena, a mí, de hielo. Deja que tú descubras por allí y yo por aquí, y a veces nos reúne para poner en común lo vivido. Ya tenemos un lugar de encuentro, la Ciudad. Y también París. Y también el Club, que ya sabes dónde está, en tu salón, en mis noches de cuaderno y luna, en cada letra que se escapa y vuela a imprimirse en los amarillos periódicos del Club.
¿Entonces Austria la próxima parada?
Hay tanto que escribir, lo malo es que cada trazo se tiñe con nuestro éter, y equivocarse sería morir. Aunque aquí tu frase: la estética es lo primero, y si la muerte es bella habrá merecido la pena.
Buenas noches de Besos helados, donde al agua la besa la luna y a ella no le da miedo ceñir en un abrazo de hielo un cuerpo estremecido, rabioso, necesitado de un bofetón de jazmines que apague delirios en una noche de desvaríos.
Nodriza

Sé que te estremeces cuando el brillo de sus ojos insinúa, cuando relaja los labios para hablarte, cuando sonríe con las mejillas encarnadas, a pesar de que todo sea un manojo de triquiñuelas, pobre cándido inocente. Sé que tus sueños son ríos de aromas y susurros, de jazmines y acequias de alabastro donde juegan vuestros cuerpos ansiosos. Esa mujer murmura en un embrujo que te sumerge en el vaivén de su cuerpo, en el baile de sus manos acompasando sus palabras. Me duele. Cómo imploran mis entrañas una pasión tan desaforada, cómo exigen ser modelo de obras tan rabiosas y enloquecidas. Yo también quiero ser reina de quimeras, musa de héroes insensatos y abrebadero en sueños desesperados.
Sé que desborda tu deseo, que estás vencido y casi alcanzo a oír tus gemidos. Es como si no hubiera cuerpos ni silencio entre nosotros. Me miras y puedo penetrar en tus latidos que bombean una petición pueril; eres como un cachorro lamentado. Ven, acércate. No puedo deleitarte como esa morocha distinguida que te enloquece, pero puedo arroparte con mi cadera, y drogarte de palabras, promesas y oraciones narcóticas que siempre resultan. Acércate y bebe de mis pupilas, sáciate de mis labios, abrázate a mi seno y llora, dulce niño desgraciado.Mece la noche mi cuerpo a la vez que adormece tu capricho. Llena el firmamento de leche amorosa mi seno.Nodrizas amamantaron hijos ajenos, y ya viejas añoraron el abrazo prodigado. Cálida cuna de brazos serenos, nanas de miel y lanas calientes, mantas de retales oníricos transparentes.Bebe de mí como de una matrona, niño, sacia tu deseo y vuelve después a tu camino, restablecido. Pero acuérdate, cuando seas feliz en aquellos brazos, de la inmensa ternura que te di a gustar; acuérdate de esta garganta que borbotea besos de soledad helada e inconsolable.
Espejos
Debo estar en ese estado de duermevela, en el que la luz de vela con que miramos alrededor crea una pátina irreal de vida y sueño.
Y ahora te atormentas, y yo me alimento de tu perdición.

