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femme fatale

Somete mi voluntad el éter que exhalas,
emana de tu astuta voz, fecunda mis entrañas.
Las preña de serpientes blancas e inquietas.
Abres de par en par las puertas de mundos que no serán,
mas de tal forma me los presentas, nublados por densos humos de hierbas,
que clavo en ellos mis vicios, lascivias y garras sin resistencia.
Las sierpes se estremecen embriagadas al son de mi infidelidad,
pues en esos parajes no he sido sino tu vieja meretriz pródiga en belleza,
ajada por el tiempo, que se emborrachó de mis encantos,
fumé la juventud aturdida, asomada a falaces espejos donde me descubrí actriz y testigo,
de cuánto gozo, cuántas mentiras y cuánto mal,
atenazan estas manos, piernas, ojos, miradas, violencias y atajos
a la somnolencia empachada de los sentidos,
qeu al recibir sin pagar lo apetecido,
no devuelven sino soledad, culpa, vacío y castigo.
Escenarios que nos disfrazan
¿No te das cuenta de que detrás de mí está el paredón? No puedo hacer que me veas.¿Qué te importa si sólo ves que no salgo contigo a rajar la tediosa noche que te angustia? A mí también me lastiman. La tarde, esa hora en que después de trabajar, ya exhausta, me derrumbo en el colchón y aprieto bien fuerte los ojos para no afrontar la carencia de vigor o la falta de resolución para cualquier actividad que, a esas horas delataría mi desánimo y apatía. Horas de sol, silencio, aburrimiento; de zumbido de moscas, de espantajos chillando en la televisión, hipnotizando al personal de cada salón que reposa satisfecho, atrayendo sus miradas como el oro atrae a la urraca, como el dinero al usurero, sorbiendo la imaginación... atemorizada bajo la manta espero ansiosa el crepúsculo. Me anuncia que ya puedo salir, que ya puedo respirar, que ya se acerca el fin del día y han muerto esas horribles horas que no dejan de advertir, ¡malditas agujas que me inoculan culpa y me dan vértigo!, que pasa la vida, que pasan las horas y se deteriora mi cuerpo, como un viejo cerrojo oxidado, que a medida que lo lame la herrumbre más difícil se torna el abrirlo, el extraer de él el secreto que guarda bien custodiado; y todo por no haberlo hecho a tiempo, antes, ahora, cuando aún era, es fácil su apertura y su milagro. ¿Crees de verdad que no estoy? Paseas, triste con tu mancha de soledad, al menos tú tienes el mundo suburbano que acompaña ofreciendo un escenario ideal para eso. En cambio yo, saco mi melancolía a las calles desiertas, de pueblo, que no entienden de bohemias ni humaredas innecesarias, aquí no había tiempo para remilgos, los que no trabajan no comen y pasear al fantasma y los monstruos es de ridículos locos. Ni eso, ni estética, nada, silencio, vejez. Una vejez tan llena de recuerdos, de ideas sólidas, más que las de cualquier joven a la última en todo y con máster en quién paga más por menos. Estos paseantes encorvados que no cierran los ojos en toda la noche, que callan las mordeduras de sus articulaciones, que tratan de enderezar su figura con dignidad, bombean con su sangre a su cabeza y corazón letanías sabias, resabidas e impresas en sus rígidos músculos a base de palos, pruebas y resultados. En realidad el escenario donde trato de sacar mi desvergüenza a la calle es más cruel, porque si lo hiciera entre putas, ladrones y borrachos no se percibiría tanto el lobo que aúlla a la luna y en lugar de asegurar una presa vagabundea poseído por ansias de venganzas y un apetito excitado de aniquilar. Aquí, el lobo trata de sonreír en una espectral mueca de hipocresía, que acrecienta su ira al constatar su bajeza al lado de tanto deterioro físico, que ni serviría de carroña para aplacar el apetito desenfrenado de labios bien pintados aunque padres de barbaries. Y sin embargo el poder que esconden, la paz que los protege, como fanal a una frágil llama de candil, ridiculiza mis simas más profundas. Ayer corrí, y no sabes cuánto ni con cuánta desesperación, me perseguían miedos, soledades, desarraigos. Corrí a buscarte en la ciudad, esperaba que estuvieras en el salón, que me sirvieras un café bien caliente y un licor de avellana, que me permitieras fumar hierbas y me arroparas con una manta de cuadros rojos y verdes. Esperaba encontrarte atento, al lado de la chimenea, calentándote las manos para después acariciarme las mejillas heladas y acercarte y besarme y llevarte en ese beso todo lo negro, y verte abrir la ventana, sentir una ráfaga helada de aire de fuera, húmedo, con olor a tierra mojada y a noche, y verter en él esos humores infectados, y abrir tus pulmones, y llenarlos de transparencia helada y acercarte a mi pecho y vaciarlo lentamente, aliviando todo mi dolor. Esta mañana he despertado y todo sigue como siempre, ¿ todo como siempre? morirás de todas formas
¿Qué tal compañero? Ya sé a qué viene esa cara de asombro. Es que esta noche estaba agobiada, no sabía bien qué hacer. Primero pensé en llamar a alguna amiga, pero después me di cuenta de que no tenía el humor necesario que requieren esos momentos en los que siempre es mejor tener ganas de reír y contar algunas anécdotas afablemente. Después se me ocurrió ir a dar un paseo, pero como estoy algo agitada me imaginé sola en la calle, con el frío que hace y pensé que no iba a levantarme el ánimo. No me apetecía cine ni ir a tomar una copa a algún pub, así que sin pensarlo mucho el coche me trajo hasta aquí. Me he acercado a tu barrio por si te veía, no sé, como dices que sales por aquí, pues me he dado una vuelta buscándote, como si fuera un juego. Además en el trabajo no tenemos mucho tiempo para hablar, ya sabes, con toda la gente que siempre pulula por allí sería imposible hablar de cosas más nuestras, de cada uno. Me hace gracia cómo todos los días nos saludamos, con algo de cortedad, cómo guardamos la distancia, cómo alguna vez y tímidamente has puesto la mano sobre mi hombro para animarme en los ratos de mucho trabajo. No sé si te importuno, perdona, sé que es todo un atrevimiento, tal vez es mal momento, estás aquí con todos tus amigos. Ah vale, no te preocupes, sí, yo estoy bien, aliviada de ver que no estás incómodo. Sabes, es curioso, tengo tu imagen grabada, que no puedo cambiar porque ya la he visto muchas veces, todos los días en el trabajo, y es nítida y reciente, así que mi memoria no me engaña en eso y tus rasgos en mi mente son fieles a la realidad. Pero detrás de eso yo he creado un personaje, como tú de mí y todos de todos cuando no nos conocemos demasiado. Es como aquella prenda de ropa que te compras alguna vez y ahí está, en un rincón del armario porque no terminas nunca de identificarte con ella ni de sentirte cómodo en ella a pesar de que algo te atrajo. Como algo parecido concibo yo las imágenes que los demás tienen de nosotros, no somos nosotros, pero algo sí compartimos con ellas indefectiblemente. Esas impresiones no nos pasan desapercibidas. A veces es asombraría ver lo que distan de la verdad. En ocasiones esas imágenes nos superan con creces, y entonces cómo sacar a la persona de su error, sería duro porque habría que humillarse un poco, desnudarse un tanto. Uff, perdona que hable de esta manera, pero es lo que necesitaba. Gracias, sí me gusta mucho la cerveza negra, muy amable. Sí, aquí estoy bien, me encantan los pubs irlandeses, estar en ellos es como trasladarse en un abrir y cerrar de ojos a Irlanda o Inglaterra. Cambiar de aire cuando apetezca. Como son tan oscuros las tristezas no se notan tanto. Las fotos que me enseñaste ayer me parecieron preciosas, yo no me hubiera atrevido a hacer ese viaje sola. A veces imagino que soy capaz de cualquier cosa, ideo en mi imaginación tantos proyectos, pero son tan poco realistas que a la mañana siguiente me recrimino por seguir siendo una cría y respiro tranquila al ver que el sentido común me mantiene quietecita con todo lo que tengo, que es todo lo necesario para vivir bien. Ah llevas razón, hoy he hecho algo poco usual, venir sin haber empezado por un qué tal una copa mañana, bueno pero esto es poca cosa, nada comparado con otros sueños devastados que caen a pedazos en grandes fragmentos golpeando fuerte y ahogando con su estruendo todas las razones que arguyo para barrerlos del pasado y por lo tanto aniquilarlos para el futuro. Si borrásemos los anhelos que nunca cumpliremos ahorraríamos dolor y fracasos... sí perdona, ya sé que estoy algo pesimista, será la luna...¿Que si alguna vez he hecho algo o he estado con alguien sin estar muy convencida, en plan loco, sin pensar? A ver, déjame pensar. Sí he hecho cosas así. Bueno, en realidad no hay tanto que pensar. Cuando estás con alguien un poco porque sí no se olvida. Hace poco estuve hablando con un amigo de que en las relaciones cada uno da y toma lo que necesita. Así que es curioso que un beso, un abrazo, una caricia, toda una noche juntos pueda significar cosas muy distintas para cada uno. Por ejemplo, un beso puede ser para uno paternal, de ternura, y para el otro la puerta del deseo, el principio de muchas noches sin dormir. Una mirada brillante en la despedida, para uno puede ser agradecimiento por el fantástico rato pasado en común, y para el otro una confirmación de la conquista. Una noche de cama puede ser a la vez la satisfacción de haber estado con alguien maravilloso y para el otro haber buscado un fondo, tierra donde poner los pies y no haberlo hallado. Caer, caer, caer...es algo que me pasa últimamente con todo el mundo. Por eso tal vez estoy hoy aquí, por ver si tú, algo desconocido y ajeno puedes proporcionarme un poco de tierra firme por un rato. No sé, es algo raro. Perdona el interés. De un tiempo a esta parte voy en plan vampiro, buscando sangre, sonrisas, historias, cariños, palabras que me alimenten y sostengan el ánimo. También últimamente he tratado de poner mis miserias en los brazos que se me han tendido. Al principio del abrazo muy bien, todo estupendo. Pero en el momento en que me relajo y dejo a mi alma reposar en tan cálido apoyo me hundo, poco a poco esos brazos se desdibujan, se diluyen, se inmaterializan y toda mi vida se derrama sin remedio y caigo, caigo, caigo en un pozo oscuro, frío. Sólo la mano de mi alma gemela la siento fuerte, orgánica, tibia y viva, sólida. El problema es que ella también cae conmigo....Pero qué...? mira no es necesario, yo no he venido para esto, no he venido para pedirte nada, ni este abrazo ni el beso que veo asomar a tus labios....bueno....pero temo tanto caer siempre, sin remedio...sabes, he leído en el periódico algo de que la ropa aun sin usar, bien guardada también envejece, muere. ¿Qué triste no? No existen refugios resistentes al Tiempo. Igual es con las personas, gente tan temerosa de envejecer, de pasarse, de que le salgan arrugas y se la coman las polillas que siempre se trata en lavanderías y usa los mejores remedios contra ambientes que la puedan estropear. Y al final, pasa la vida sin haber disfrutado ni abusado de nada, ni de ilusiones, fantasías, pasiones, miedos y fuegos, y morimos igual que si arrastráramos ese traje o esos zapatos viejos por cimas escarpadas, nos revolcásemos campo abajo rodando sobre una alfombra de margaritas, nos rasgáramos una manga subiendo a un árbol para coger una bellota bien gorda, o lo manchásemos todo en una montaña de arena cuando en una noche helada buscábamos calor en el cuerpo de aquél que tanto nos miraba en el bar aquella noche....bésame pues, compañero, sin dudarlo, fuerte, no me sueltes, regala historias a mis zapatos.La lucha
Hoy ha sido un día duro. Es difícil moverse entre decenas de personas diariamente. Tengo un amigo que a menudo escribe sobre su vida en la ciudad donde le han llevado la curiosidad y el trabajo. Me hacen gracia los contrastes entre su día a día y el mío. Él sí que tiene difícil la lucha diaria, hasta ha tenido recientemente un encontronazo con un perfecto desconocido. En mi caso las cosas son muy distintas. Mi rutina transcurre entre dos pueblos, uno casi aldea y el otro con ínfulas de ciudad. No sé qué será mejor, si cruzarse a diario con cientos de personas tan dispares, últimamente aisladas con sus auriculares a todo volumen para no escuchar molestos ruidos o inoportunas voces, o por el contrario ir chocando cada día con los mismos rostros, que se van acostumbrando a los mutuos rasgos y poniendo oído a noticias concernientes a ese personaje poco a poco familiar, y quién sabe, tal vez con el tiempo llegue el saludo, y tal vez después alguna conversación en la cola del supermercado, o entre el gentío aglutinado de una procesión arrobada con la fuerza de las bandas de cornetas y tambores.
Hoy ha sido duro el trato con gente ya acostumbrada al contacto en el trabajo. Oír críticas hacia quien ha hecho lo correcto y además con entendimiento y dedicación fastidia, y más cuando es un colega de trabajo, y más cuando extrapolas la situación y te ves en el lugar del vituperado. Sudar por los demás, levantarte con ilusión, renunciar a tomar el café por no hacer esperar a nadie... y al final...nunca llueve a gusto de todos y somos unos indeseables...qué triste.Bastante tenemos con nuestras miserias como para que venga ningún aburrido de turno a echar más barro encima. No somos solidarios ni comprensivos. Yo desde que trabajo y sé lo que es estar agobiada con muchas tareas pendientes, y sé lo que fastidia que venga gente agobiando y presionando, trato ahora de no ir avasallando como solía. En el pueblo, porque conoces al carnicero, y al panadero, y a la hija del de la librería y vas al gimnasio con la sobrina del cartero, pues te armas de paciencia con la certidumbre de que si aguardas paciente, cuando les toque alguna vez ponerse en tus manos o acudir a ti, lo harán en las mismas condiciones, con el mismo respeto y puede que una sonrisa. Imagino cómo será el entorno de mi amigo, una jungla, donde si alguien se impacienta lo menos que se le ocurre es poner horribles mohines de desesperación, resoplar, mirar el reloj compulsivamente, mover las manos y los pies con gran agitación y si la espera aún continúa, o lo deseado no se puede lograr en ese lugar poco menos que insulta a la pobre secretaria o telefonista en la cara casi escupiendo las palabras y amenazando. En otros casos ocurre que cuando por fin se atiende a la persona de pronto se oye el soniquete del móvil que de inmediato se planta en la oreja ignorando por completo a quien le atiende y olvidándose del resto de la cola que mira incendiada el precioso tiempo que transcurre en balde por culpa de la conversación que a nadie le importa del desgraciado maleducado. En fin, que no quiero generalizar ni recriminar a nadie, pero hablo un poco por experiencia propia, en medio de un tratamiento se me levantan los pacientes impunemente a por el teléfono que suena y hablan con el interlocutor mientras me extienden el brazo con que me ensañaba antes, y debo recordar de nuevo por dónde iba al tiempo que escucho una conversación que desearía no oír. Pero así son las cosas ahora por lo que se ve, y eso que en el pueblo bien sabemos que arrieros somos y en el camino nos encontraremos.
insomnios, mujer desnuda en lo oscuro

Un guiño.
Una media sonrisa, apretada para que no se escape del todo.
Un pequeño rubor, unos ojos entornados, una boca entreabierta.
Dientes caninos, blancos.
Una mano tímida sobre el hombro.
Una conversación superflua con los amigos para disimular, un roce.
Una excusa para acercarte, un escalofrío.
Una noche de insomnio. Luna casi llena, mucho frío.
Qué sueño tan bello, tú y yo abrazados, embriagados con el olor a humedad y a noche, a ozono, a tierra mojada.
En paisajes como los de tus fotos o las mías, o una fusión de ambas.
Una manta y un fuego. Un libro de poemas.
Tu mano en mi garganta, dibujando.
Mi pecho exhalando la esencia de mi alma para hechizarte.
El alma es poderosa, mágica. Pero sólo asoma cuando hay verdad.
Estremecimientos. Labios. Aire puro. Magia. Vida. Emoción.
¿Cuándo me verás? Estoy a tu lado, ven.

