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No es tan importante el viaje como la huida. esta huida es la muerte.

Los puños apretados con las venas inflamadas de sangre negra.
El corazón zumbando como un enjambre de abejas enfurecidas.
Los ojos con el brillo de todo el mal cristalizando en una lágrima de rabia.
Los labios hendidos por un diente pálido de ira,
asomada una gota roja que se derrama como mi amor.
El cielo se desploma,
las ramas de los árboles que amaba me desgarran,
me zarandean para que despierte a esta verdad tan cruenta.
La poca fe que me quedaba se evapora en una nube
que eclipsa mi razón, mi melancolía, mis recuerdos, mi pena, mis ilusiones, mis sueños,
como un montón de escombros aniquila un campo de flores
recién nacidas.
Como un torrente desbordado, como un ladrón aterrorizado corriendo sin parar, como un animal perseguido, como una mujer temblando refugiada en un cigarro que protege de la soledad. Huir, marcharse, darse esquinazo a uno mismo, tratar de salirse de esta vida tan apretada que asfixia como una sierpe.
Irse a toda costa de esta polvareda vetusta de tantos años que me pesa como una manta vieja y agujereada,
incapaz ya de darme algún calor.
Nos hemos dejado llevar sin moldear aquella promesa, sin haberla construido
como un puzzle con cada día, sin habernos esforzado por resistir malentendidos, sin haber celebrado las victorias, sin haber
agradecido cada mañana, cada rayo de sol que ha besado nuestros besos, cada luna que ha bañado nuestro
sudor, cada minuto que ha vibrado con nosotros...
Se fue, esa melodía que nos hacía bailar se fue.
Ahora todo desafina.
Ahora se erizan nuestros dedos al tocarse,
recelan las miradas,
se aprietan los labios para no dejar salir a nuestras almas
que hace ya siglos y siglos de fríos silencios y gélidas caricias que no cimbrean.
¿Recuerdas aquella noche en la montaña? Muertos de frío, tiritando de nervios y deseo, salimos de nuestros cuerpos para abrazarnos y fundirnos con las estrellas, aquel día sentimos el amor.
Hoy erramos más abajo, en el cieno, nos pesa la vida y no nos impulsan las alas...
¿Qué ha ocurrido?
Tiemblan mis manos al oprimir cada tecla que imprime estas ideas tan punzantes, se escriben en mi carne con mordiscos afilados que me hacen llorar.... ¿por qué nos soltamos las manos, di?
Mis pies no dejan de correr sin zapatos que amortigüen el dolor, siento cada piedra clavarse, cada azote del viento cortando mi boca ...pero es que ya no puedo parar, ni tampoco mirar atrás, se aleja la salida de este laberinto y no puedo volver atrás, porque lo que había ya no existe, se esfumó en la estela amarillenta de la historia y el recuerdo y sin embargo sé que donde huyo nunca encontraré el calor, ni la fantasía, ni la ilusión, ni la fuerza, ni la poesía que me avivaban y encendían cuando corría contigo.
perdí la llave
Un beso, tu aliento
Un abrazo, tu olor
Una centella, tus ojos
Una sonrisa, tu humor
Unas lágrimas, tu cariño
Una historia, los dos
Y todo esto palabras
El consuelo de la niña mala
Que al ver luz bajo la puerta
Reza para que sea mamá
Ayer, una esperanza
Hoy , un sueño todavía
Mañana, un temor que mortifica
Ayer, Principio de un sueño infinito
Hoy, un sueño imposible de sacudir
Mañana, habrá devorado mi juicio
Alonso Quijano, un loco
Nadie hay más cuerdo aquí
A mí me va tragando la arena
Quimeras, entelequias, utopías
El arte quita al mundo su dolor
La mentira maquilla a las rameras
No quiero más cristales que tus ojos
Dios despiadado, personaje de ficción
Bohemio de vinos y panes de la carne
Que no hay otro a la razón
El bien duele, el pecado fructifica
Siembra pánicos, manos nerviosas
Describiendo paraísos de placer falaces,
Lentes de vacío quiero
Todo me duele al mirar,
Y a quien amaba, veo llorando,
que se va
Locura
Sentirse atraído por un cuadro, una fotografía, un libro. Oír su llamada. Dejarse conducir hacia su interior con la imaginación. Obsesionarse. Amarlo. Formar parte de él. Terrible canto de sirenas que hace girar la cabeza apartándola de la realidad para siempre, para ahogarla en el submundo, para desdibujar la línea onírica de la razón, para perderla en la locura. ¿Qué miras tú, muchacha aterrada y cobarde, incapaz de esgrimir espada alguna y luchar? ¿París, faroles espectrales parpadeando en un estertor rutilante de vómitos de noche alcoholizada? ... las flores del mal te arroparán en la tumba.retrato
Seré pasto de las llamas, como los transgresores, los herejes, los hechiceros. En el Juicio Final el platillo de mi carne vencerá, pesará repleto de inmundicias, lujurias, mentiras y crueldades.Me diste, Dios, un rostro apacible, una voz meliflua colmada de matices sutiles y delicados...y un alma demoníaca. ¡Cuán fácil me resultó atraer presas y asfixiarlas después, devorarlas, degollarlas y contemplar deleitada su tormento. Pronto se obturó con miserias el manantial cristalino del alma, pronto se manchó la blancura, y se enmarañó la telaraña de algodones, cariños, pasiones, simpatías, risas y amores. Pronto se enturbiaron las aguas pacíficas de la alegría, pronto envejeció la inocencia, se desdentó la sonrisa, se apagaron los ojos de regocijos. Pronto acallaron los gemidos, alborozos y contentos.Demasiado pronto. Demasiado pronto quedé a solas con mi monstruo que engulló a mi parte más débil y pusilánime. Inerme, exangüe, derrotada, poseída, he sido testigo de mi perdición mientras hilaba despacio el telar de mi destino con la madeja de sangre y asombro, decepciones y odios, de mis pobres víctimas amadas, odiadas, cuyos rostros traicionados e incrédulos, reflejaban la obra de mi garra, la magnitud de mi maldición.déjame libre

Mientras no me corten las alas volaré hasta el infinito
para buscar la paz de mi alma
y el agua que apague esta sed,
aunque tuviera que morder en las venas del infierno.
Despeja tu cuello, ábreme tu pecho,
deja que me petrifique tu lava
arrasando esta corteza de emociones versátiles
que me hacen decir y maldecir,
elegir y arrepentirme, tejer y destejer, caminar, retroceder...
quema esta piel venenosa, bésame mientras filtras con tus labios mi delirio, mi berrinche de niña mala...
refúgiame en tu magma, Vulcano , antítesis del Bien,
que tras bañarme en tus cenizas escupirás una síntesis,
una mujer lobo, mitad ángel mitad sirena de mundos abisales y siniestros;
hada transformada en la catarsis del fuego de tus ojos, de las llamas de tu nombre.

¿Dónde guardas la llave que abre tus puertas?
Lee mis ojos, quiero entrar.
¿Nunca oyes lo que digo cuando no hablo,
cuando te miro con un abismo infinito de curiosidad,
cuando creo me delatarán los intrépidos latidos,
cuando mi respiración te besa envolviéndote sin que lo notes?
Desentierra tu secreto. ¿Qué te ocurre? ¿Qué fantasmas pretendes matar cuando exprimes tus pulmones, cuando te derrites en sudor construyendo tu hogar, tus fantasías, cuando dejas escurrirse la arena de tu reloj en mil obligaciones, cuando escarbas la tierra, qué tesoro buscas, cuando escribes con tu escondite renglones de soledad?
Palabras, maletas que cargan con nuestra alma
Las palabras son sarcófagos repletos de tesoros.
Siempre hay un más allá.
Cada uno somos una puerta que oculta un mundo de ilusones,
fantasías, anhelos, esperanzas.
Y nunca una palabra será capaz de expresar lo que abarca el pensamiento que la esgrimió.
Todos poseemos una especie de lente,
un sexto sentido, frágil, delicado que ayuda a interpretar.
Es poderoso.
Un libro nunca dice lo mismo para dos personas,
y ninguna interpretación es un error.
Somos capaces de leer palabras, ojos, nimios gestos.
Es una intuición que tan sólo susurra lo que percibe entre líneas.
Como dice un amigo la mejor lectura es la que nos lee,
la que saca a la luz lo que quisiéramos ver.
Y seguramente no nos equivocamos.
Antes de que sea tarde

¡Aléjate, aún estás a tiempo!
¡Márchate antes del alba
pues me acecha el vampiro que proyecta asaltarte
y libar tu esencia!
Baja la vista, no me mires pues soy El Mal.
¡Te perdono la vida, pero sólo para salvar mi alma!
El silencio y yo

Dime qué puedo esperar de ti ágil fugitivo, que sorteas cada flecha que te lanzo para clavarte a mi pared, para atarte a mi red de sueños. ¿Qué ves en las palabras? Me matas de curiosidad. Ese silencio me rechaza. Tú no sabes lo que me juego; la vida. Ven, siéntate y demos un tranquilo paseo por nuestras vidas, hay tanto que contar, y después haremos las apuestas si llevamos entre los dos unas buenas cartas.

