El silencio y yo

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Dime qué puedo esperar de ti ágil fugitivo, que sorteas cada flecha que te lanzo para clavarte a mi pared, para atarte a mi red de sueños. ¿Qué ves en las palabras? Me matas de curiosidad. Ese silencio me rechaza. Tú no sabes lo que me juego; la vida. Ven, siéntate y demos un tranquilo paseo por nuestras vidas, hay tanto que contar, y después haremos las apuestas si llevamos entre los dos unas buenas cartas.

12/12/2007 14:42 Autor: aquoevo. Enlace permanente. Tema: Recortes.

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Autor: El que espera en la ciudad

Aquí me encuentro, chica, siempre al alcance de tu voz. No esquivo tus flechas, todas me aciertan en el tuétano del alma. No callo, sólo espero, te espero a ti, aquí, en la ciudad. Estoy acostumbrado a jugármela, flaca, al doblar cualquier esquina, cada noche, cuando me adentro en las fauces de la ciudad solitaria, donde cualquiera de los infortunados con los uno se cruza puede ser su Parca. La vida no me da miedo, tampoco jugármela, porque la vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir, y si la última hora me ha de llegar, prefiero recibirla braceando inerme en el aire en caída libre, mientras el sol inalcanzable me ciega y la cera de mis alas rotas me resbala por las muñecas. No hay jugada mala en los juegos de naipes: unas buenas cartas siempre perderán contra otras mejores, del mismo modo que unas malas cartas ganarán a otras peores; entre ambas opciones sólo hay una que siempre ganará, la de tentar al adversario -¿la vida?-, arrimarse a sus cuernos y ver de qué pasta está hecho. Toda apuesta lleva grabada una pérdida irremisible, pues es una decisión, y como en toda decisión, algo de nosotros desaparece en la resolución del dilema. Nadie puede permanecer impasible después de haber citado a la vida de frente. Vivir es perder. Todos perdemos en el juego. Traigo tres heridas, decía el poeta, las del amor, la muerte y la vida. Una persona sin heridas, sin cicatrices, alguien que no haya vivido hasta las últimas consecuencias no podrá rendir cuentas con Caronte en las orillas de la laguna Estigia. Pero no puedo apostar tu vida, pues sólo la mía me pertenece, como tampoco puedo asegurarte que alcanzaremos el sol, porque tal vez nuestra felicidad resida en la caída, y no en la ascensión. ¿Qué puedes esperar de mí?, te preguntas. También yo me lo cuestiono. Tengo todas las respuestas, ya lo sabes, pero no poseo la verdad, porque acaso no exista. ¿Prefieres que te engañe, que te atraiga con palabras almibaradas a mi lado? Todo lo que te diga será mentira, porque el mañana se me oculta y no me interesa salir a buscarlo. Qué esperar de mí: poco más de lo que ya conoces. No tengo más secretos, mi alma es para ti como un arroyo de agua clara. No conozco el futuro, para mí no existe, porque mañana puede que no vuelva a despertar. Por eso, esta noche, que se me antoja interminable lejos de ti, que podría ser la última, no podría abandonarme al sueño sin decirte que eres la protagonista de mis desvelos. Te quiero.

Fecha: 13/12/2007 02:34.


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