Seré pasto de las llamas, como los transgresores, los herejes, los hechiceros. En el Juicio Final el platillo de mi carne vencerá, pesará repleto de inmundicias, lujurias, mentiras y crueldades.Me diste, Dios, un rostro apacible, una voz meliflua colmada de matices sutiles y delicados...y un alma demoníaca. ¡Cuán fácil me resultó atraer presas y asfixiarlas después, devorarlas, degollarlas y contemplar deleitada su tormento. Pronto se obturó con miserias el manantial cristalino del alma, pronto se manchó la blancura, y se enmarañó la telaraña de algodones, cariños, pasiones, simpatías, risas y amores. Pronto se enturbiaron las aguas pacíficas de la alegría, pronto envejeció la inocencia, se desdentó la sonrisa, se apagaron los ojos de regocijos. Pronto acallaron los gemidos, alborozos y contentos.Demasiado pronto. Demasiado pronto quedé a solas con mi monstruo que engulló a mi parte más débil y pusilánime. Inerme, exangüe, derrotada, poseída, he sido testigo de mi perdición mientras hilaba despacio el telar de mi destino con la madeja de sangre y asombro, decepciones y odios, de mis pobres víctimas amadas, odiadas, cuyos rostros traicionados e incrédulos, reflejaban la obra de mi garra, la magnitud de mi maldición.