femme fatale

Somete mi voluntad el éter que exhalas,
emana de tu astuta voz, fecunda mis entrañas.
Las preña de serpientes blancas e inquietas.
Abres de par en par las puertas de mundos que no serán,
mas de tal forma me los presentas, nublados por densos humos de hierbas,
que clavo en ellos mis vicios, lascivias y garras sin resistencia.
Las sierpes se estremecen embriagadas al son de mi infidelidad,
pues en esos parajes no he sido sino tu vieja meretriz pródiga en belleza,
ajada por el tiempo, que se emborrachó de mis encantos,
fumé la juventud aturdida, asomada a falaces espejos donde me descubrí actriz y testigo,
de cuánto gozo, cuántas mentiras y cuánto mal,
atenazan estas manos, piernas, ojos, miradas, violencias y atajos
a la somnolencia empachada de los sentidos,
qeu al recibir sin pagar lo apetecido,
no devuelven sino soledad, culpa, vacío y castigo.

