Espejos
Y es que me amas porque jugamos a mirar en los espejos difuminados de la fantasía. Soñamos con viajar en globo a través del tiempo y sentarnos a la mesa con Napoleón, y seguirlo en su séquito de honor por Les Champs Elysées escuchando sus loores al imperio...seguimos después, despojados de todo lujo por la ribera del Sena hasta l´Ile de Saint Luois, de camino encontramos al pobre loco borracho bajo uno de los puentes, tratando de cruzarlo, siempre es la misma historia, siempre queriendo saltar, traspasar, alcanzar. Estaba derrumbado, en brazos de un clochard que le susurraba conjuros al oído.Tras pasear por avenidas de la muerte y saludar a viejos amigos, montamos en aviones distintos rumbo a la misma Ciudad donde al fin no es pecado besarse y los anhelos y las locuras se ejecutan sin piedad ni permisos ni reproches. Traes del desierto un reloj de versos para mí y yo confecciono con ellos un collar de juventud eterna y una diadema de orgullo por ser amada. Y yo te traigo un frasco de miasmas y dolores que encontré en mi camino al sur, y otro de decadencia armoniosa en convivencia con la modernidad, el arte, y las ganas de vivir. Y tú lo abres y lo olfateas y me agradeces el presente con un deseo de otro presente más real. Abres el armario y sacas una gran caja repleta de armatostes que ni reconozco y también ,maletas, baúles ligeros y zapatos nuevos. Y es que has traído todo lo necesario. ¿Pero no estábamos soñando? ¿No estábamos tan tranquilos en la ciudad, y de viaje, y en ese pueblo tuyo de piedra y silencio? ¿no quedamos en compartir ese sillón de las lecturas en el club? ¿no quedamos en vivir al revés y soñar despiertos y dormir en la mañana?
Debo estar en ese estado de duermevela, en el que la luz de vela con que miramos alrededor crea una pátina irreal de vida y sueño.
Y ahora te atormentas, y yo me alimento de tu perdición.
11/09/2007 00:41 Autor: aquoevo. Enlace permanente.
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Autor: Él
Amiga mía:
Alguna vez te dije que, de la misma forma que mi patria es el suelo que sostiene mis pasos, que siempre buscan el abismo, también te hablé de que viajo sin equipaje, únicamente con los pocos sueños que puedan caberme en los bolsillos. Ya entonces te ofrecí uno de esos bolsillos para que lo llenaras con los tuyos, pero al final me marché con un bolsillo vacío. En la Ciudad de la que hablas sólo estoy de paso, como en todas partes, cada vez que traspaso el umbral de los sueños y la realidad inevitablemente se me adhieren a las suelas retazos de ambos mundos hasta que al fin ambos acaban mezclándose. La Ciudad a la que me iba contigo ha cambiado, tal vez haya quedado muy desdibujada entre tanto trasiego entre mundos, o acaso me haya quedado a vivir para siempre en ella siempre que paso por allí.
He perdido el temor, resultado de afrontar aquello que nos aterra, y, con ello, he ganado lucidez, fuerza y alas de cera. El sol es brillante y deseo su calor, no tengo miedo a que éste me abrase, pues lo más que puede hacer es matarme, y morir, cuando uno alcanza a saborear el fruto prohibido, sólo amedrenta a quienes no lo han probado nunca.
Ícaro no conocía su triste destino, no así Aquiles, que levantó amarras e izó las velas negras al viento de poniente hacia su muerte, sabiendo que la vida no tiene sentido si no nos fundimos y confundimos con ella, si no nos embriagamos de risas y lágrimas, de temores y temeridades, de amores y desamores, de odios y desodios, de sueños reales y realidades soñadas. Aquiles no se inmoló, sino que pagó el precio del conocimiento y los dioses, que siempre equilibran los resultados en las cuentas de nuestras acciones, lo castigaron. ¿Para qué vivir, pues, si no es para llegar a ver la trama de las cosas, para dar la vuelta al tapiz y ver la urdimbre de la realidad, que es a fin de cuentas de lo que están hechos los sueños?
Anhelo emborracharme de ti, de conocer tus secretos, de mostrarte los pocos que yo pueda tener, de perderme en ti, como tú bien dices, mientras mi tormento alimenta tu alma sedienta. Cuando me tengas entre tus brazos, las pasiones y el frenesí satisfechos, con la cabeza en tu regazo, mientras acaricias mi pelo con suavidad y gesto maternal, podrás clavarme el puñal en el corazón mirándome a los ojos como yo miraré los tuyos cuando sostenga con firmeza tu mano asesina y te ayude a empujar la daga entre la carne del pecho. Moriré en tu seno, contemplando tu mirada, con mis manos entrelazadas con las tuyas, las lágrimas de esa paz cósmica que sólo han experimentado los héroes brotarán mientras la sangre fluye y con mi último aliento, mientras la vida me abandona, exhalaré tu dulce nombre, dichoso, completo, pleno.
Alguna vez te dije que, de la misma forma que mi patria es el suelo que sostiene mis pasos, que siempre buscan el abismo, también te hablé de que viajo sin equipaje, únicamente con los pocos sueños que puedan caberme en los bolsillos. Ya entonces te ofrecí uno de esos bolsillos para que lo llenaras con los tuyos, pero al final me marché con un bolsillo vacío. En la Ciudad de la que hablas sólo estoy de paso, como en todas partes, cada vez que traspaso el umbral de los sueños y la realidad inevitablemente se me adhieren a las suelas retazos de ambos mundos hasta que al fin ambos acaban mezclándose. La Ciudad a la que me iba contigo ha cambiado, tal vez haya quedado muy desdibujada entre tanto trasiego entre mundos, o acaso me haya quedado a vivir para siempre en ella siempre que paso por allí.
He perdido el temor, resultado de afrontar aquello que nos aterra, y, con ello, he ganado lucidez, fuerza y alas de cera. El sol es brillante y deseo su calor, no tengo miedo a que éste me abrase, pues lo más que puede hacer es matarme, y morir, cuando uno alcanza a saborear el fruto prohibido, sólo amedrenta a quienes no lo han probado nunca.
Ícaro no conocía su triste destino, no así Aquiles, que levantó amarras e izó las velas negras al viento de poniente hacia su muerte, sabiendo que la vida no tiene sentido si no nos fundimos y confundimos con ella, si no nos embriagamos de risas y lágrimas, de temores y temeridades, de amores y desamores, de odios y desodios, de sueños reales y realidades soñadas. Aquiles no se inmoló, sino que pagó el precio del conocimiento y los dioses, que siempre equilibran los resultados en las cuentas de nuestras acciones, lo castigaron. ¿Para qué vivir, pues, si no es para llegar a ver la trama de las cosas, para dar la vuelta al tapiz y ver la urdimbre de la realidad, que es a fin de cuentas de lo que están hechos los sueños?
Anhelo emborracharme de ti, de conocer tus secretos, de mostrarte los pocos que yo pueda tener, de perderme en ti, como tú bien dices, mientras mi tormento alimenta tu alma sedienta. Cuando me tengas entre tus brazos, las pasiones y el frenesí satisfechos, con la cabeza en tu regazo, mientras acaricias mi pelo con suavidad y gesto maternal, podrás clavarme el puñal en el corazón mirándome a los ojos como yo miraré los tuyos cuando sostenga con firmeza tu mano asesina y te ayude a empujar la daga entre la carne del pecho. Moriré en tu seno, contemplando tu mirada, con mis manos entrelazadas con las tuyas, las lágrimas de esa paz cósmica que sólo han experimentado los héroes brotarán mientras la sangre fluye y con mi último aliento, mientras la vida me abandona, exhalaré tu dulce nombre, dichoso, completo, pleno.
Fecha: 11/09/2007 23:27.

