Nodriza

Sé que te estremeces cuando el brillo de sus ojos insinúa, cuando relaja los labios para hablarte, cuando sonríe con las mejillas encarnadas, a pesar de que todo sea un manojo de triquiñuelas, pobre cándido inocente. Sé que tus sueños son ríos de aromas y susurros, de jazmines y acequias de alabastro donde juegan vuestros cuerpos ansiosos. Esa mujer murmura en un embrujo que te sumerge en el vaivén de su cuerpo, en el baile de sus manos acompasando sus palabras. Me duele. Cómo imploran mis entrañas una pasión tan desaforada, cómo exigen ser modelo de obras tan rabiosas y enloquecidas. Yo también quiero ser reina de quimeras, musa de héroes insensatos y abrebadero en sueños desesperados.
Sé que desborda tu deseo, que estás vencido y casi alcanzo a oír tus gemidos. Es como si no hubiera cuerpos ni silencio entre nosotros. Me miras y puedo penetrar en tus latidos que bombean una petición pueril; eres como un cachorro lamentado. Ven, acércate. No puedo deleitarte como esa morocha distinguida que te enloquece, pero puedo arroparte con mi cadera, y drogarte de palabras, promesas y oraciones narcóticas que siempre resultan. Acércate y bebe de mis pupilas, sáciate de mis labios, abrázate a mi seno y llora, dulce niño desgraciado.Mece la noche mi cuerpo a la vez que adormece tu capricho. Llena el firmamento de leche amorosa mi seno.Nodrizas amamantaron hijos ajenos, y ya viejas añoraron el abrazo prodigado. Cálida cuna de brazos serenos, nanas de miel y lanas calientes, mantas de retales oníricos transparentes.Bebe de mí como de una matrona, niño, sacia tu deseo y vuelve después a tu camino, restablecido. Pero acuérdate, cuando seas feliz en aquellos brazos, de la inmensa ternura que te di a gustar; acuérdate de esta garganta que borbotea besos de soledad helada e inconsolable.
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Autor: Ludwig
Las orquídeas le susurran, le explican que en ese indómito lugar, testigo de romanos asentamientos, de filósofos sefarditas y de califatos otrora dominantes, se presume la existencia de un jardín donde una enigmática e inalcanzable morocha de esplendorosos ojos, seductora de almas errantes, pasea durante los atardeceres, cuyos besos transmiten soledad helada e inconsolable.
Escucha atentamente, sonríe tímidamente con las leyendas que se reflejan y mutan con las mareas confidentes de lunas eclipsadas, desconoce la veracidad de las mismas...quién no persigue embriagarse de pócimas de amor, de vinos del recuerdo y licores del olvido?
Cuentan las orquídeas susurrantes que cabalgando hasta donde el horizonte deja de llorar, aparece este reinado plagado de enigmas y perfumado de jazmines. Primero debe embarcarse por las aguas con mareas confidentes de lunas eclipsadas, ayunar de caricias, desvelarse brújula en mano sobre la cubierta, saboreando la brisa, sí, esa brisa que arremolina y hace flotar a la musa de insensatos héroes ¡pobre inconsciente de sus temerarios actos!
Ignorante del hechizo que envuelve su ruta, continúa cruzando mares de plata, mutables ríos, cuevas iluminadas con sombras, afrancesados puentes, todo eso sin percatarse que cada latido es claramente escuchado y guardado más allá de los minaretes, custodios implacables del oasis, hogar de la nodriza.
Al pisar el jardín de las Hespérides descubre con asombro que durante su trayecto, la alquimia de la vida le devolvió la piel de cachorro y desvaríos de inocente infante, entonces y solo entonces, sus lobos esteparios se emplumaron y transmutados en aves cantoras, buscarán desesperadamente a la musa, morocha y hechicera, con la incauta inocencia del que por única vez es derretido lentamente ante unos ojos misteriosos. Bien lo dijo Baudelaire: Ô démon sans pitié! verse-moi moins de flamme!
Ludwig.
Fecha: 14/09/2007 05:46.
Autor: Anónimo
Fecha: 20/09/2007 02:25.

