Leyendo "un mundo feliz" agradece uno la libertad
Leer. Hay veces que leer o estudiar, para aquellos que persiguen el conocimiento teórico, o buscan la verdad a través de la ciencia o el éxito en determinados campos, absorbe el tiempo de vivir. Bien es cierto que la lectura pertrecha de luz, y lo que se vive bajo su espectro es más intenso y profundo.
En cambio, otras veces, cuando la vida atrapa con su red de obligaciones y succiona al ser hacia el centro del sistema, obligándolo a negar sus ilusiones, desbordado como se ve de deberes; leer se convierte en la experimentación de una vida paralela, en una huida, un escape, la realización en otra dimensión e incluso un acopio de valor y deseo útil como billete para un próximo tren con otro destino.
Leer supone reflejarse en la vida de otros. Es como mirar un retrato bello y usurpar el rostro para ponérselo uno mismo por anhelo de belleza, o descontento de uno mismo.
Las aventuras reales o ficticias de otros, las ideas atrevidas o propuestas que aceptaron sin temer su precio, las robamos para hacernos sus protagonistas en la imaginación, ya sea por falta de agallas o libertad para elegir vivirlas uno mismo.
¡Anhelamos tanto, pero tenemos tanto miedo!...y sin embargo, las puertas están ahí.¡Valor!

