Encrucijadas sin guía

Encrucijadas funestas; espada y pared, fin del castillo y comienzo del desierto, expulsión del paraíso y trabajo con sudor, tú o yo...
Sobrevivir. A pesar de todo sobrevivir, aunque voluntariamente se haya escogido la penuria, la fatiga, lo incierto, porque también son opciones.
Sobrevivir arrojándose al muro de llamas que bloquea el camino, muro que puede consumir el sendero vomitando las cenizas del Fin o, por el contrario, puede ejercer de telón a un nuevo escenario.
Una vida, una apuesta. Errar, acertar, ¿Qué importa si no se tuvo miedo a vivir y se buscó la escurridiza felicidad? Felicidad tal vez dosificada en el sopor de la rutina, pero más suculenta en las turbulencias de giros inesperados, impensados, aceptados por intuición.
Llegar a ese vientre dorado y rojizo es la meta, pero ésta empieza a tocarse en el instante en que se anhela arribar a ella.
Nuestros pies ya están sobre su piel, pero es tan sutil que hay que ir descalzo, libre de toda barrera. Intenso y apasionante es lanzarse a la tempestuosa embestida de la vida, mas no se olvide que en cada detalle apacible también se guarda su tesoro.

